Doy gracias por la oportunidad de vivir este día, gracias por amar y ser amada, gracias por la abundancia y el aprendizaje. Que la luz de la consciencia ilumine mi corazón y alumbre a todo aquel que se cruce en mi camino.
MG
Nací en Vitoria, capital del País Vasco, a las 00hr entre del
12 de Septiembre de 1970, en la calle Independencia 13. Algunos dicen que ya
con esto se va entendiendo por que el sentido de la libertad, está tan presente
en mi vida. No lo sé tal vez, pero
sí sé, que el 13 ha marcado los momentos y personas más trascendentes en mi
vida. En el tarot es la muerte y según la numerología es el comienzo de un
nuevo ciclo…
Mi padre, con quien compartía la afición por este número,
falleció de cáncer estando “inconsciente” por tanta morfina. Un día 13, a las
13 horas, 13 minutos, pero esta es una historia que más adelante relataré. Por
ahora guardo su reloj digital que me cronometró ese momento, siendo su especial
despedida, un guiño de humor.
Lo que si es cierto es que desde pequeña me siento
familiarizada con la muerte de forma poco habitual ¿será porque ya la vida me
parecía un maravilloso misterio?
Todavía recuerdo cuando falleció mi abuela Carolina, de un
cáncer bastante agresivo, que la tuvo en cama con intenso dolor hasta sus
últimos momentos. No entendí porque mi familia se puso tan triste cuando al
dejar su cuerpo ya descansó, ni tampoco porque me intentaban ocultar su muerte.
Cuando lo supe, antes de que me lo dijeran, les quería
consolar haciéndoles ver que ella estaba en el mismo lugar que antes de nacer,
ese origen en el que descansamos en paz para prepararnos a un nuevo viaje…
Más tarde y ya con 22 años me vi trabajando mano a mano con
la muerte. Pues de ser contratada como secretaria de dirección, por mi
diplomatura de turismo, en una residencia internacional de la 3ª edad, pasé
"causalmente" a trabajar de enfermera para su propio centro médico.
Este giro inesperado de la vida fue debido a que a los pocos
meses de ser contratada, la única
enfermera que había Julia, se dio de baja por enfermedad (cáncer). Y como yo ya
me había familiarizado con los pacientes, los médicos me propusieron realizar
los estudios de clínica, a la vez que hacia las prácticas con ellos.
Aún no sé por qué acepté, ya que en aquel entonces me caía
redonda ante una gota de sangre. Pero se dio una curiosa circunstancia, que me hizo cambiar totalmente
mi actitud.
Pasó una de tantas mañanas en
las que me acerqué a ver si necesitaban algo en el centro médico, estaba solo
un médico y tuvo que salir a una urgencia de forma tan repentina que me pidió
colgar el cartel de aviso de que estaba fuera.
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